Entrevista con Kevin Johansen

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¡Disparen!

¿Qué te ha parecido la ciudad hasta el momento?
Bien, no vi nada casi. Sólo fui al festival ayer y fui a un mall hoy, así que poco y nada, pero bueno. La vista es linda, me gustan los cerros y eso, eso ‘tá bueno.

¿Hasta cuando van a estar?
Solamente hasta mañana. Mañana ya partimos, vamos vía El Paso para, creo que Forth Worth o no sé donde.

¿Regresan para allá?, porque vienen de San Francisco, ¿qué tal?
Súper bien, lindo, sí.

Viviste en San Francisco mucho tiempo…
Viví una buena parte de mi infancia, como una parte importante de mi infancia (este, ¿se puede bajar el aire?, sí. Bájalo. Este, gracias). Así que sí, fue bastante emotivo para mi también en un nivel personal, es lindo poder ir y ver San Francisco de vuelta. Hacía 10 años que no iba y antes de eso hacía como veintipico de años que no iba. Así que… fuerte.

Te acercas cada vez más a Alaska, ¿no?
Mmmmhh. Sería increíble, ¿no? Sabés que hace unos años me llegó un (sonido de celular) perdón. Me llegó un este, ehh, mail de la secretaria del gobernador de Alaska, hace 10 años, algo así, “we are very proud to know that you’re success y no sé qué, nos encanta tu éxito”. Este, y este, fue como ¡uy!, por ahí en algún momento voy, pero bueno, todavía no se ha dado.

¿Y no vienes seguido? ¿No visitas a tu padre aquí en Nuevo México?
No he tenido tanta oportunidad de visitarlo a mi padre, sino que él ha venido los últimos años a Buenos Aires, lo cual fue muy bueno porque él vive en Albuquerque y sí, sí. Fue muy bueno para él y para nosotros que él viniera de vuelta y retomamos un poco el vínculo, porque con él teníamos una historia un poco París-Texas, ¿no?, un poco lejana, este, la vida, ¿no?, pero sí, la verdad que hemos, siempre tuvimos un buen vínculo con él, si bien la distancia en un momento con mi madre, se casó en segundas nupcias con el mexicano de Mazatlán. Y luego nos venimos, nos fuimos, mejor dicho, a Buenos Aires porque terminó todo mal con el mexicano de Mazatlán, este ahí sí se cortó un tiempo, digamos, era muy difícil de nuestras épocas, ¿no? Viajar y todo, así que… Pero bueno, retomándo los vínculos por suerte.

Con los vínculos esos, siempre te veo de buen humor y…
Bueno, la procesión va por dentro… ahora, por ejemplo, me faltan dos horas de siesta, estoy cansado, pero mi forma es así. Sí, es verdad.

Tu ironía esconde algo. Tu humor. Hay algo detrás de eso
Bueno, sabés que es una… yo creo que cada uno tiene una naturaleza, ¿no? Un estado de ánimo, ¿no? Aunque uno pueda ser, también, ¿cómo se dice? Este, cuando una persona cambia mucho de humor que es, este, muy, ay, se me fue la palabra, que es una palabra muy sencilla y se usa mucho… ¡ciclotípico! ¿no? En Argentina decimos “uy, es muy ciclotípico, un día está bien, otro día está mal, en una hora puede cambiar”. Yo soy bastante estable. Mi hija, la del medio, tego tres, tiene 9 años, la otra vez andando en bici me decía, “papa, hay gente que está siempre así”, y ponía cara seria, “y hay gente que está así, y tú estás siempre como así” y hacía como una sonrisita, ¿no?, como que siempre estoy como, pongo una buena cara, tengo, sí, tengo una tendencia, digamos, este, no como dicen en inglés, happy-good-lucky, o sea, tengo una apariencia happy-good-lucky, lo cual me ha dado problemas, a veces, ¿no? Porque uno aparenta una bonhomía, o quiere, por lo menos, poner lo mejor y te cruzas con alguien que no le gusta nada, que piensa que uno es… Me ha pasado trabajando en Nueva York, que tenía uno de los trabajos que tenía, era haciendo los desayunos en un hotel, cuando llegué en el 90, y el manager del hotel era un irlandés así cascarrabias ¿no?, y él odiaba que yo sonriera, no le gustaba nada, decía: “¿de qué sonries?” —Nada, estoy bien, soy joven, estoy trabajando, la vida está bien, digamos, es difíicil, pero cómo explicarle. Pero sí, siempre tuve, y quizás eso sí de algún modo la música es parte de la esencia de uno, cuando uno compone, pone y expone esa parte también, entonces sí, mucha gente me dice, inclusive, “bueno, a parte de tu música me gusta mucho la onda que tienes en el escenario, como te manejas con la banda” y todo eso, y eso es importante, es importante porque reverbera también en la gente.

¿Cómo compones? ¿Tienes… a estas horas del día?
Súper caótico, pero también fluido. O sea, caótico digo porque sale a borbotones o puede salir por momentos más o menos una idea, otra idea, otra idea y hasta que te obliga a ir al papel o a la guitarra, al instrumento, pero soy bastante de tirar ideas y después de quedarme con las “ah, acá vi algo, oops, vamos a ver, le toca, vamos a darle una chance”. Pero por lo general son ideítas muy minúsculas, una elucubración, ¿viste?, una melodía, una línea melódica que me gusta, por ahí sale una letra que “ah, puede pegar”, ¿no? Porque por lo general la música dicta mucho el estado de ánimo de la letra y predomina, o sea, permeabiliza mucho lo que vas a decir después, y la letra tiene que ser bastante fiel al sentimiento musical, ahí está el truco.

¿Cómo llevas eso, tu parte artística con la familiar? ¿Qué dicen tus hijos?
No bueno, así es la vida, es la vida que te va encontrando en situaciones y sí, ahora soy un poco más grande, tengo hijas de 16, casi 10, casi 6, el varón. Entonces eso también te marca el día a día, quizás, afortunadamente, cuando estoy, estoy mucho, también, entonces la vida familiar es como los puedo llevar y traer al colegio, no tengo un nine-to-five-job ¿no?, de oficina, entonces ahí hay como un beneficio y a la vez, bueno, el sacrificio de irme a veces 9 días, como es este caso, que te extrañen un poco y yo extrañar y todo eso, pero bueno. Es algo bueno también, ellos también lo saben.

¿Estás planeando un nuevo disco?
Sí, hay varios proyectos. En realidad quedó del ‘Bi’, del disco doble quedó, bueno, una muy buena relación con mucha gente, entonces, por lo pronto con los tangueros de Orquesta del Arranque hay como una idea de hacer un disco Tangos de Alaska y por ahí hacer versiones tangueras de los temas más tangueros que tengo en los discos, ¿no? ‘Daisy’, ‘El de la puerta’, esas milonguitas o tanguitos, hasta cosas que por ahí como ‘Desde que te perdí’, que puede ser una milonga también, este, vamos a ver, estamos ahí elucubrando eso. Por otro lado, mi banda ochentera u ochentosa, como decimos nosotros, este Instrucción Cívica que también estamos como volviendo a encontrarnos y encontrando como el gen por ahí de algo ochentoso que estaba bueno que no tuvo mucha vida porque fueron dos discos…

¿Vas a volver a los agudos?
Sí, 15 segundos de fama, los agudos que digo siempre. Sí, estoy tratando de no volver a los agudos, sino hacerlo mejor, porque sonábamos como Alvin y las Ardillas. Pero había buenas ideas, siempre digo, cuando digo “soy un desgenerado” creo que ahí en Instrucción Cívica había como un gen desgenerado que estaba bueno también, que era muy original, así que estamos ahí.

¿Y no has pensado en un solo género?
Sí, bueno, lo del tango de algún modo es eso. Ahí hay como una búsqueda también. Después me gustaría hacer un disco muy de estudio como a la antigua con los The Nada. Quiero hacer todo al revés de lo que hacemos, que es entrar al estudio sin ensayar y grabar como un año y encontrar cosas y, al contrario, como ensayar tres meses y entrar al estudio y grabar 10 días y que esté todo súper tight, afianzado y lograr 11 canciones que estén buenísimas. Ahí estamos viendo eso también con los The Nada.

¿La herencia de tu mamá, ideológica, es una posición muy política?
Sí, yo creo que ella, involuntariamente, fue de la década y de la generación de los baby boomers. Falleció hace 12 años pero era una mina, una mujer que, imagínate, criada en escuela de monjas, clase media trabajadora, porteña, o sea, y se hizo rebelde, tenía una cabeza interesante, leía mucho. A los 17 años hablaba francés, además del castellano y el inglés. Estaba con la cabeza muy inquieta y cae en Boulder, Colorado, y luego conoce al viejo Johansen en los sixties, imagínate, se convierte en feminista, socialista, antiimperialista…

Pero andando con un militar…
Andando con un milit… ¡bueno, no, no!, lo que pasa que él era como un gringo piola, era como un gringo que no quería ir a Vietnam y por eso es que van a Alaska, de hecho, creo que él era algo así como un objetor de conciencia, que había como una cláusula legal por la cual podías decir “prefiero hacer papeles para el gobierno en la Siberia, que ir a…”, era como una opción que tenían y bueno… así que sí, fue una crianza muy interesante, o sea, es como que, qué bueno, me toco como esa cosa… Después, obviamente, hay cosas que uno dice “uf, la parió la vieja”, porque era como estar en contra de muchas cosas, es como una lucha, yo creo que eso le dio el cáncer, lamentablemente.

Eres muy tuitero…
El Twitter tiene una cosa que por ahí el Facebook no te lo da. Que el Facebook me da miedo porque me parece que me enamoraría cada dos segundos de ex novias y de ex amores que te persiguen, y el Twitter es como algo más puntual, que te puedes enamorar también de la gente y miras las fotos y todo de curioso, pero es como más puntual, como, bueno, puedes poner algo filosófico o una estupidez, algo más light. Te da un abanico o un poco más al punto, al grano, “vamos a tocar hoy en Ciudad Juárez”, muestras un chihuahua en el camino en el puesto policial.

Tu relación con todos, veo que eres muy amiguero de todos, Drexler Residente, Natalia…
Sí, uno va pegando onda.

¿Quién contacta a quién? ¿Cómo se juntan?
Creo que uno se va encontrando en festivales o en un DVD, como la otra vez de Natalia. Estaba grabando su DVD y me invitó y estaba grabando Meme, es un divino, y estaba Leonel García, que es otro divino, así gente muy linda y de diferentes ramas, a parte de diferentes estilos. Uno va pegando onda, creo que eso es como un aprendizaje también con la música, porque a veces somos muy prejuiciosos o competitivos, inclusive, como hay esa cosita de que a ver qué onda. Por ahí como yo soy un rara avis, supongo que me miran con un poco de “y este güey qué”, “este gringo que está en Argentina pero podría estar ahí pero está acá, y dónde lo pongo”, y creo que eso en un punto generó esa especie de marketing involuntario, porque es también una cosa de cómo un Devendra Banhart que tiene un nombre raro, pero es un venezolano gringo y éste es otro Kevin Johansen o Manu Chao que es un franco español. Ahora somos muchos los que tenemos dos culturas. Creo que es interesante porque también ya no es tan raro ahora, hasta la nueva camada. Para nuestra generación era un poco más extraño, más lo mío, Alaska-Argentina, más extremo aún, pero bueno, ahora ya mucha gente tiene un padre en un lado. Sí, sí, la tan despenetrada globalización. Creo que el aspecto positivo de los medios y las comunicaciones, siempre lo remarco, y viajando uno lo ve y es como que ya nos conocemos más las mañas, es como, hay menos temor a las diferencias y más celebración de la diferencia y eso está buenísimo, porque antes, cuando hace 10 años empezó todo esto de la globalización, Internet y no sé qué, la gente decía, “¡uy no!, se van a lavar las culturas, todo va a ser lo mismo”, y no, las culturas ya están bien marcadas y cada uno tiene su banderita fincada, pero no es una bandera así de en la cara al otro, es yo quiero lo mío y lo comparto, creo que esa es la actitud, al menos, que uno esperaría y desearía.

¿Qué te ha impactado que hayas leído o escuchado últimamente? ¿Lees en inglés o en español?
Todo. Ahora, hace poco, en San Francisco, me encontré con un cancionista, David Aguilar, no sé si lo has escuchado, y es un dulce de leche además como persona, como decimos nosotros, un dulce de leche, más bueno que el acicatado, ¿no? Muy buenas canciones, un tipo encantador. Me regaló un libro de los poemas de Leonard Cohen, Book of Longing, así de la nada y le dije “¿me lo dedicas?”, y me pone: “gracias por ser mi fan, Leonard Cohen”, y después me puso una dedicatoria suya, mucho humor y muy buenas letras, así que sí recomendaría al David Aguilar, por lo pronto. El libro que me regaló, Book of Longing, que no lo había leído, también es interesante, es esa época de Leonard Cohen hace 20 años cuando se fue al monasterio budista e hizo su viaje, ya estaba semirretirado e hizo un retiro, valga la redundancia, ahí a Mount Valley, con su maestro zen, así que, interesante.

Pero sí, después creo que hay muchas cosas, bueno, yo también armé un festival, “El vecinal”, en Buenos Aires, hablando de cosas, que eso también sucedió por viajar a países limítrofes y no limítrofes, sobre todo de Latinoamérica y decir “puta, ¿por qué no suena la mejor banda chilena en Buenos Aires?”, como Chico Trujillo, como Juana Fe o algunas bandas peruanas o paraguayas o etcétera, por ahí de Uruguay, Brasil, nos llega un poco más y a Buenos Aires llega, bueno, supongo que también aquí al DF llegan bandas de Europa que se reformulan para venir a llenar sus arcas, o bandas yankees, y de repente decir “¿por qué no suena la mejor banda vecina del país cercano?”. Y un poco eso pasa, me pareció que había como una camada, también generacional, como mencionábamos, como nueva de chicos de 20 a 30 años que están con ahí un público para eso también y están al tanto de lo que está sucediendo, hay como un poco más de orgullo o de identidad, también respecto a lo que sucede acá, ¿no?, en la región y, bueno, armamos “El vecinal” y fue un buen motivo y es un buen motivo también de compartir un poco con la gente en Buenos Aires, que por ahí no tienen la chance de escuchar una buena banda latinoamericana.

Lo de las generaciones, como el niño que toca las percusiones… ¿Cómo es tu relación con los The Nada?
Los The Nada son hermanitos de la vida, obviamente, imagínate, ya nos conocemos las mañas, también, me conocen a mí, se ríen de mí, me faltan el respeto como buenos amigos y hermanos que somos y este, la verdad que son, los admiro mucho porque tienen como esa formación, también de por ahí la camada un poco más joven que la mía, que nosotros éramos un poco más idealistas del norte, como Europa y Estados Unidos, y después era el resto, no tanta identidad, ¿viste?, respecto a donde estábamos localizados, a parte el argentino tiene el síndrome culo del mundo, y siempre tuvo como una especie de cosa bipolar entre el ser arrogante y el inseguro, ¿no?, porque la arrogancia, el ser un poco fanfarrón, en realidad esconde una inseguridad, ¿no? O este, mencionábamos eso de, claro, nuestros abuelos o bisabuelos vinieron de Italia o España a las puteadas, “puta madre, me están mandando a la concha de la lora”, ¿viste?, “¿qué voy a hacer?”, entonces el porteño, sobre todo, es un tipo que tiene como esa cosa Buenos Aires Antisocial Club, ¿no?, es un poco como «joooo», pero a la vez es muy cálido, como que tiene esa cosa simpática, tentadora, cuando se ubica es bien interesante, también, y respecto a la camada ésta, creo que los The Nada tienen como una cosa muy bonita de, por un lado, de tener más identidad con su folklor o su tango y a la vez conocen el lenguaje universal del rock, ¿no? Entonces es esa conjunción que creo que es bastante el espíritu de The Nada, ¿no? Este, bueno, como cada banda, como Café Tacvba, como era Aterciopelados, que mezclaban un poco su folclor con el lenguaje universal del rock, esa es un poco la idea desde la canción que es lo mío.

¿No has pensado en invitar a tus otros hijos?
Kim ya ha cantado ‘Everything is’, y lo canta bastante seguido y se anima y ya ha probado el escenario y Tom toca la percusión ahí, como lo habrás visto, pero bueno, es algo que me parece que también no hay que forzar y que lo disfruten. La mayor, Miranda, fue muy clara cuando había grabado, tenía 7 años, después me dijo, inmediatamente, yo un poco la tanteé, “te animarías a cantar?” —No, soy muy chiquita para subir a un escenario. Así clarísima la tenía. Y creo que recién a los 9 o 10 años se subió al escenario, en un lugar pequeño, la Trastienda, en Buenos Aires, lugar para 400-500 personas, y ahí, con amigos alrededor y amigas la cantaron todos y ahí se animó y ahí le probó el gustito y después sí, después cantó en el DVD, y se animó y que ya tenía 11 años.