Notas sobre “Her” de Spike Jonze

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Durante el cierre de sesión de una clase universitaria que impartía a estudiantes de comunicación y que trataba de experiencias en los nuevos medios, se concluyó que dentro de cualquier inmersión humana a un mundo digital, sería conveniente tener siempre un elemento tangible que tuviera la suficiente fuerza como significante para recordar que se está en un ambiente del que no se es originario. O bien, que pueda traer de vuelta a la realidad no-digital de manera inmediata. Tal observación contradice la posible razón por la que Theodore Twombly, personaje central de la cinta “Her” (2013), lleva un broche en el bolsillo de su camisa donde sostiene su dispositivo para que Samantha —el sistema operativo del que Theodore se enamora— vaya paseando con él.

Mostrar el broche va más allá de una función práctica al pretender desencadenar una serie de lecturas en base a la infatuación de Theodore, lecturas que podrían ir desde el deseo por asegurar la relación de pareja al hacerla palpable hasta llevarla en ese bolsillo porque de ese lado se encuentra el corazón. Resulta curioso cómo encaja este detalle dentro de la visión futurista de la cinta en donde más que predecir, intenta referenciar la actualidad al expandir su lado wireless en todo su esplendor. Allí no se ven cables, no existen los teclados en las computadoras, ni los controles para videojuegos. Todo como para decir que la parte estorbosa de la tecnología ya no crea ataduras o enredos. Así, el seguro de Theodore intenta hacer algo palpable cuando ya casi nada hay que tocar. Tampoco hay switch para la luz, los espacios responden a la presencia humana de la misma forma que aceptan la luz natural, tan fluida es la relación que parece imperceptible. Pero hay más, vemos personas caminar a su trabajo de forma apacible y sin ningún ajetreo, así como una playa llena de paseantes.

Nunca vemos un carro, menos a algún adicto encorvado con su smartphone con la intención de dar la espalda al mundo. También se aprecia el valor de los escritos a mano y las comidas al aire libre. Todo esto con tal de simular haber superado ese miedo de ser sometido por la máquina. Tal es el inmejorable balance entre el individuo y su computadora, que para escucharla usa un inalámbrico audífono, dejando libre un oído para no excluir su alrededor.

Aquí hay un antecedente que desconozco si Spike Jonze tomó en cuenta. En los sesentas se desarrolló en el MIT un programa denominado Eliza. Este script de respuestas encontraba frases tecleadas por el usuario y respondía con palabras correspondientes de su base de datos, en su mayoría preguntas que encausaban una conversación introspectiva y se basaban en técnicas terapéuticas. Las palabras de Eliza eran tan acertadas que había quienes pensaban que eran escritas por una persona.

Entonces, ¿porque no sentir algo por Samantha, si su programación responde a las necesidades freudianas de los usuarios y la voz tiene suficiente personalidad para imaginar una presencia física? Aquí se puede argumentar que los comentarios del curso de nuevos medios antes mencionado estén basados en la desconfianza no tanto en la maquina sino en nosotros mismos al temer dejarnos llevar por la experiencia digital y preferir una voz que enfatice su artificio al estilo Siri. Cabe seguir describiendo el mundo postminimalista donde crece este idilio en un intento por entenderlo. El reduccionismo hasta lo esencial en el diseño está siempre presente pero un tanto despojado de su neutralidad al apoyarse en colores cálidos que recuerdan el color field de la pintura abstracta y que a veces parecen existir para humanizar la frecuente rigidez de los entornos. Digamos, el interior de una tienda Apple pero sin fobia al color brillante y que abre espacio para plantas reales y virtuales, lugar contradictorio cuya limpieza pareciera estar para contrastar con las fallas de los que lo ocupan.

Es apresurado establecer lo siguiente, pero quizás “Her” pueda agregarse a cintas que más hablan de su actualidad, con todo y la relación temor/reverencia por la tecnología, a través del diseño de su tiempo. “Metrópolis” lo hizo con Art Deco, así como “Man with a movie camera” con el constructivismo. No queda claro si el entorno de hoy contribuye a la intensidad de las relaciones o si se vuelve el set perfecto para  la soledad de todos los que como Theodore Twombly, ven por su balcón a los rascacielos, quizás pensando en sus habitantes y en la dificultad de intimar con cualquiera de ellos.

Lo que si comprueba este mundo es que por más inalámbrica que sea la tecnología con la que nos comunicamos con otros, hombres o seres digitales, las relaciones no dejan de ser enredosas.

Jair Tapia es un diseñador y artista visual. Maestro de Arte en Nuevos Medios por el Transart Institute y Donau Universitat Krems, de Austria.