La Quiebra

Panteón Tepeyac que acompaña al cuento de Diego Ordaz ‘La Quiebra’

Varias bolsas de plástico hacen una jaula si se saben sujetar; quizá una cámara de asfixia, con un amarre fortísimo, donde una pequeñísima perra pueda permanecer sin volver a casa y muera en unos minutos, sin que se escuchen los quejidos y apenas se noten los breves espasmódicos. Nudo tras nudo, sólo se necesitan tres o cuatro bolsas para un animal tan pequeño y viejo. Amarres y plásticos son contados con precisión, es el año donde aprenden a restar y sumar. Hay que doblarle las patas, de preferencia, pues sucede, ha sucedido, que con las garritas llegan a hacer algún hoyo breve y el plástico, se sabe, cede a los orificios: se extiende la rasgadura, se abre al oxígeno el cuerpo y la perrita volverá a su hogar, a morir de otras maneras. Read more La Quiebra